Que tus amigos viajen y que luego quieran compartir recomendaciones en tu blog… ¡No tiene precio! Así ha hecho Luis Tejo @tejomachuca con esta entrada que recoge los cinco sitios que no hay que perderse en Copenhague en invierno. ¡Y yo encantada! Ahí van…

La capital de Dinamarca, no nos engañemos, es una ciudad fría. La geografía obliga: situada a 55 grados de latitud, más cerca del polo norte que del ecuador, sus temperaturas a duras penas alcanzan los 20 grados en los mejores momentos del verano. El viajero que se acerque a la puerta de Escandinavia en la otra mitad del año debe esperar noches largas y días nublados o lluviosos, y cargar con varias capas de abrigo.

Eso no significa que diciembre o enero sean mal momento para visitar Copenhague. Ni mucho menos. El puerto de los mercaderes, que es lo que significaba su nombre en danés antiguo, tiene mucho que ofrecer en una época que parece hostil al turista, pero que sin embargo muchos visitantes de todo el mundo aprovechan para conocer sus encantos.

Lo único es que hay que ser un poco más selectivo, ya que algunos lugares que ocupan, por derecho, posiciones destacadas en las guías no pueden contemplarse ahora en todo su esplendor. A cambio, estos otros siguen mereciendo la pena.

1.- La Sirenita (Den lille havfrue)

El monumento más reconocible de la ciudad a nivel internacional no pierde su singular belleza ni siquiera bajo cero, aunque hay que procurar acercarse a ella un día que no llueva, ya que, haciendo honor a su nombre, está situada literalmente en medio del mar. Eso sí, a apenas un par de metros de la costa, en el paseo marítimo Langelinie, frente a la antigua fortaleza militar Kastellet que también merece una visita. Las autoridades están planteándose alejarla un poco más de la orilla; la barrera de agua ayudaría a evitar actos vandálicos, pero dificultaría un poco sacarle buenas fotos.

Como curiosidad se debe reseñar que la estatua es un homenaje a Ellen Price, una bailarina de principios del siglo XX que se había hecho célebre por protagonizar un ballet sobre el famoso cuento de Hans Cristian Andersen, y a la que Carl Jacobsen (rico heredero de la cervecera Carlsberg) admiraba… pero de ella solo tiene la cara, ya que se negó a posar desnuda, así que el escultor tuvo que tomar como modelo a su propia esposa.

cph sirenita

2.- La Iglesia de Mármol (Frederiks kirke)

A escasos metros del palacio real de Amalienborg se encuentra este imponente templo luterano que debe su nombre original al monarca Federico V, quien ordenó su construcción en 1749 pero murió sin verlo acabado. De hecho, el coste excesivo de las obras hizo que estuvieran más de un siglo paradas, hasta que en 1865 la iniciativa privada de un empresario permitió retomar los trabajos. Cuando se concluyó, en 1894, los copenhagueses se encontraron con un opulento edificio barroco inspirado en San Pedro del Vaticano que puede presumir de tener la cúpula más grande de Escandinavia (46 metros).

Lamentablemente ahora mismo no se puede entrar porque se están ejecutando trabajos de mantenimiento, pero nada más que por ver la fachada ya merece la pena acercarse hasta allí. Si vas por la mañana puedes aprovechar para disfrutar de la ceremonia del cambio de guardia en el palacio.

cph iglesia marmol

3.- La torre redonda (Rundetårn)

Copenhague es una ciudad que dispone de una amplia oferta de miradores en altura desde los que disfrutar de bonitas panorámicas de la ciudad. Este observatorio astronómico del siglo XVI, aún en uso, es el más adecuado para ascender en estas fechas por tres motivos. El primero es su ubicación, bastante céntrica, en la confluencia de las calles Landemærket y Købmagergade, que te evitará viajes largos para llegar y te permitirá contemplar cómodamente todo el casco urbano. El segundo, que no te cansará mucho: para trepar sus 35 metros no tendrás que subir muchos escalones, ya que casi todo el recorrido es una rampa que da siete vueltas y media a la estructura. ¡Hasta se hacen allí carreras de monociclos!

Pero el fundamental es el tercero: si quieres conocer los cielos de la capital danesa, no te va a quedar más remedio que optar por esta alternativa. Otros candidatos potenciales, como la torre del palacio de Christiansborg o la de la iglesia de San Salvador (Vor Frelsers Kirke), cierran durante la época invernal. Con buen criterio, las autoridades los consideran demasiado peligrosos: las ráfagas de viento o las escaleras resbaladizas por la lluvia o las heladas podrían darte un disgusto.

cph torre redonda

4.- Nyhavn

Esta calle, cuyo nombre se traduce como “Puerto Nuevo”, sale de Kongens Nytorv, una de las plazas más importantes de la ciudad, y avanza hacia el sureste siguiendo el flanco izquierdo del canal del mismo nombre. A mitad del recorrido hay un puente que permite cruzar al otro lado, hacia el sur, y acceder fácilmente al palacio de Charlottenborg.

La vieja zona marinera era equivalente, salvando las distancias, al Barrio Rojo de Ámsterdam. Hoy los burdeles han desaparecido, pero sí que se conservan multitud de cafeterías y restaurantes que la convierten en, posiblemente, la más bulliciosa y animada del casco antiguo de Copenhague. Además, las casas, algunas de ellas con más de tres siglos de historia, están pintadas de colores vivos, que contrastan con el gris de la piedra y el marrón del ladrillo que tanto abundan en el resto del callejero. Junto con los muy numerosos barcos anclados en la orilla, forman la típica imagen que ningún aficionado a la fotografía se puede perder.

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5.- Jardines del Tívoli

Es poco común encontrarse un parque de atracciones en pleno centro de una gran capital europea. Entre el ayuntamiento y la estación central de ferrocarril se instaló allá por 1843 la que hoy es la segunda área recreativa más antigua del mundo (solo le gana el Bakken, también en Dinamarca), en la que se inspiró el mismísimo Walt Disney para crear sus establecimientos. La entrada principal del recinto se ha mantenido igual desde hace más de 170 años.

Desde los clásicos e inocentes tiovivos y carruseles hasta las montañas rusas más salvajes, todo se puede ver y probar en el Tívoli sin miedo a que unas pocas gotas de lluvia paralicen el espectáculo, como ocurriría en nuestro clima seco del sur. Además, la decoración, que va variando en función de la época del año, contribuye a crear un ambiente mágico que, en uno de los pocos tópicos que se cumplen a rajatabla, hará las delicias de mayores y niños. El único inconveniente es que sale bastante caro, aunque hay varias fórmulas de entrada: ofrecen un billete de viajes ilimitados que puede obligarte a empeñar un riñón, mientras que si simplemente quieres dar un paseo (no es mala manera de pasar una tarde) el acceso será relativamente asequible.

cph tivoli

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